Probablemente a cualquier persona europea en su sano juicio jamás se me pasaría por la cabeza meterse en un tren 15 horas por trayecto para pasar un fin de semana. A nadie se le ocurriría, por ejemplo, salir del trabajo un viernes por la tarde en Madrid y coger un tren dirección Amsterdam para pasar el fin de semana, para luego volver también en tren y entrar el lunes por la mañana de nuevo a trabajar. Pero esto es Kazajstán, aquí hay otro concepto del espacio, del tiempo... y de la velocidad. Estuve casí el mismo tiempo dentro del tren kazajo (30 horas), que en mi destino (32 horas), y eso que me fui a una ciudad vecina, a tan sólo 800Km de Almaty. 15 horas y 800Km, con eso ya podéis deducir la velocidad media del tren...
En Shymkent me estaban esperando David y su pandilla de amigos americanos de Peace Corps. PCV (Peace Corps Volunteers) es una organización americana a través de la cual jóvenes voluntarios americanos son enviados a países subdesarrollados o en vías de desarrollo, y colaboran con escuelas, universidades, hospitales, pequeñas empresas, ONGs, etc. En Kazajstán hay cerca de 100 voluntarios, la mayoría de ellos viviendo en pueblos perdidos por el país. En Shymkent hay varios de ellos.
El sábado nos fuimos de excursión Sairam, un pueblo de unos 40.000 habitantes, de mayoría uzbeca, situado pocos kilómetros al este de Shymkent. Allí vive Michael, uno de los voluntarios, un personaje bastante peculiar y digno de mención. Yo no podía contenerme la risa de ver a un americano pelirrojo con pinta absoluta de guiri desde lejos, con cierto parecido al Piraña, paseando por un pueblo perdido donde todo el mundo lo conoce y lo saluda por la calle, y hablando en uzbeco con la gente. Buenísimo.
Aquí pongo algunas fotos de la pedazo de fiesta del sábado.
